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| Marilyn en su casa de Brantwood en Los Angeles (©Cordon Press). |
Cuando voy a leer paseo primero mi casa en busca de algún libro en fila de lectura, tengo unos en el librero mezclados con los ya leídos y otros en pequeñas pilas por diferentes lugares. También visito alguna de la paginas que sigo de literatura, o busco en mi refundida lista de libros para leer que cada vez crece más y más.
La lectura se me va dando en todos los horarios que encuentro espacio y en el lugar en el que me encuentre: la sala de mi apartamento, un restaurante, la sala de espera de cualquier sitio en el que espero por algo, etc.
La lectura se me va dando en todos los horarios que encuentro espacio y en el lugar en el que me encuentre: la sala de mi apartamento, un restaurante, la sala de espera de cualquier sitio en el que espero por algo, etc.
Hace unos días mientras hacía fila para comprar un café, escuche cuando una mujer le preguntaba a otra:
- ¿Tienes un buen libro para recomendarme o que me prestes?, es que descubrí un sitio especial y agradable para leer.-
Espere que su compañera le preguntará donde quedaba aquel lugar o por que era especial para leer, lamentablemente alguien se acerco y las interrumpió y no pude saber más del sitio encantador.
Desde aquel día imagino como podría ser, ¿sería un establecimiento, una cafetería, restaurante, biblioteca, etc.? ¿Que tal un parque o una banca bajo un árbol?, termine soñando con una hamaca en la terraza de un apartamento con vista a los cerros orientales de la ciudad.
No me había detenido a meditarlo pero en ocasiones si me ha motivado a leer un sitio en especial. Por ejemplo el Parque de los Poetas en mi ciudad natal. Un lugar dentro de la universidad que alguna vez fue un parque con bancas y esculturas de fuentes de agua pero que poco a poco se fue cubriendo por el guadual y los arboles y en el que las estatuas y las bancas se fueron deteriorando. Recuerdo que se bajaba por unas escaleras que en mi época se habían convertido en simples troncos de guaduas, al llegar se podían ver dos bancas viejas y una fuente llena de vegetación y sin agua. Siempre lo ambientaba el sonido de todos los pájaros habitantes del guadual y la visita de alguna pareja de Barranqueros a la que todos intentábamos sacar una foto. El pasto era podado con frecuencia por lo que no era raro encontrarlo lleno de estudiantes acostados con sus maletas como almohadas o recostados a algún árbol.
Siempre hubo mas lectores allí que en la propia biblioteca de la universidad. En varias ocasiones al bajar me encontraba libros de ingeniería o de odontología cerca a algún árbol. Por eso el estudiante de turno en la biblioteca bajaba todas las tardes a buscar libros perdidos.
suesca.

